El profesor emérito del Centro de Zoología y director de Promar, Enrique Bucher, explicó que, "debido a la marcada bajante de la laguna, quedan amplias playas salinas, sobre las cuales los vientos fuertes levantan grandes nubes de polvo salino que cubren extensas distancias, en muchos casos de más de 120 kilómetros, sobre todo en dirección de norte a sur, siguiendo los vientos predominantes". Su influencia llega a ciudades alejadas como San Francisco y Villa María.
Este problema ya fue advertido en el libro Bañados del río Dulce y laguna Mar Chiquita, publicado por la Academia de Ciencias en 2006. Desde entonces se ha venido registrando con frecuencia creciente este fenómeno de las nubes salinas, que no es fácilmente visible desde Tierra (aunque la gente de la zona a veces ve el cielo como "lechoso").
La evidencia se empezó a registrar en 2006, cuando fotografías satelitales tomadas por la Nasa capturaron por primera vez esas nubes blancas en dispersión. Esas "plumas" de sal podrían tener consecuencias negativas sobre cultivos, suelos y salud de la población, sobre todo en el área cercana a Mar Chiquita, donde se da con mayor incidencia.